21 de agosto de 2007

Tragedia en el Sur de Perú







Devastador terremoto desnuda la crisis social en el Perú
Informe sobre el terrible terremoto ocurrido en la ciudad de Ica (Perú), sus consecuencias que deja centenares de muertos, miles de heridos, casas en escombros, poblaciòn sobreviviente que vive en oscuridad, miedo e incertidumbre.Enfoque libertario sobre el papel del Estado, las empresas "humanitarias" y el papel de la organización frente a estos desastres.




Devastador terremoto desnuda la crisis social en el Perú



Ya todos saben de la magnitud del desastre sucedido al sur del Perú, específicamente en las ciudades de Ica, Pisco y Chincha en el departamento de Ica, Cañete al sur de Lima, la sierra de Huancavelica y Ayacucho fronteriza con Ica.

Se trató pues de un terremoto de 7.9 en la Escala Momento equivalente a un 7.0 en la Escala de Richter que sacudió dichas zonas dejándolas en verdaderos escombros sobre todo las ubicadas en Ica.

El terrible movimiento telúrico sucedió el miércoles 15 de agosto a las 6.40 pm aproximadamente, debido a la fricción de dos placas tectónicas, una la Placa de Nazca que se encuentra ubicada justo debajo de la zona violentada, haciéndola por esto, una zona altamente vulnerable. El sismo que los limeños sentimos de manera fuerte, y de larga duración, tuvo su epicentro en Pisco, lugar donde los antiguos pobladores de la cultura Paracas forjaron una cultura milenaria admirada por el mundo entero. Es sobre este sismo que se ha especulado mucho sobre su duración, sobre su supuesta composición de dos temblores que se aunaron; lo cierto es que según los científicos expertos del INDECI (Instituto de Defensa Civil) se trata de un solo terremoto muy complejo en su desarrollo y en su magnitud por lo tanto la impresión fue de dos y no de uno solo.

A penas pasado el movimiento que duró uno 3 minutos con 30 segundos (que en efecto, parecieron una eternidad) se podía observar el pánico natural de las personas que solo atinabas a salir apresuradas a las calles y parques cercanos esperando lo peor, pues un movimiento como este, no se había sentido en Lima desde el 3 de Octubre de 1974. Este “silencio” sísmico era ya un aviso de que la naturaleza nos debía un terremoto mayor a quienes vivimos en la costa central. Una mínima respuesta de emergencia inmediata debía estar montada. No hubo respuesta, pero sí hubo sismo. ¡Y que sismo!

Preocupa (deberían explicarlo) que la magnitud del sismo haya sido de 8.0 para los científicos de EE.UU Japón y Europa, pero de 7.0 para el Instituto Geofísico del Perú. No les hace bien a nuestros sismólogos esta discrepancia, lo cual crea confusión en la población.

En tanto, a penas acabado el susto, solo atinamos a ver que información nos ofrecía la televisión, siendo esto más sorprendente aún. Se decía que el epicentro era la selva de Pucallpa, al nor-oriente del Perú, luego se decía que era el sur, pero no se tenía mayores datos. Una hora más tarde los informativos mostraban imágenes de gente despavorida en Miraflores, San Isidro, Jesús María y La Molina, es decir los primeros informes vinieron de distritos y barrios burgueses, donde la gente salía del supermercado de compras, paseaba con sus automóviles, trabajaba en oficinas de diez o quince pisos, etc. Esto por supuesto no pensamos que sea algo premeditado, pero se nota que en momentos críticos son la gente de mayores recursos los que más importan.

Horas después, siendo las 9.30 pm, el presidente Alan García sale a dar un mensaje a la nación, haciendo gala de sus astucia y maniobras mediáticas que impresionan a propios y extraños. En dicho mensaje, García agradece a “Dios todopoderoso, porque no ha sucedido una catástrofe”, agrega “que felizmente todo marcha bien y que las perdidas humanas no son para nada alarmantes”, lo que sigue en su discurso es una perorata de invocaciones a Dios y a la calma entre los peruanos.

Frente a esto, nosotros nos preguntamos ¿Nadie le pudo decir al Presidente que Pisco, Ica, Chincha, Cañete y poblados periféricos presentaban un colapso estructural en lo relativo a las edificaciones de adobe y que centenares de muertos se observaban en las mismas plazas centrales de las ciudades donde colapsaron iglesias históricas?, ¿Es cinismo, estupidez o ironía que un presidente de la nación, con todo el poder que posee y por tanto con los accesos mejores a todo tipo de información, se exprese de esta manera y así engañar sutilmente a toda una población que ya vivía en zozobras por no saber nada de sus familiares en las ciudades afectadas? ¿O es que acaso los casi 600 muertos y más de 1650 heridos (sin contar las miles de casas en ruinas) no representan para el presidente del Perú, una catástrofe?


Primeras secuelas del fenómeno natural

Al terminar la noche del día miércoles fatal, nadie sabía con exactitud lo terrible del asunto, mientras esto ocurría, solo en Lima ya se podía registra media docena de muertos en el Callao donde varias casas se vinieron abajo y otras estaban a punto de colapsar. Frente a esto la población solo atinaba a abandonar sus hogares y refugiarse en parques y lugares descampados cercanos para poner a salvo sus vidas, y todo esto sin contar que ya desde el inicio el terremoto, la luz eléctrica dejó de funcionar y se cortó también el servicio de agua, lo cual aumentaba la angustia y el miedo, esto unido y acrecentado con el pavor de un posible tsunami o maremoto que podía producirse en el primer puerto del Perú, pues los pobladores aseguraban que el mar estaba retrocediendo dejando la impresión de que volvería con bravura y arrasaría todo cuanto tenga a su paso. Como se sabe esto no era pura especulación, pues luego de movimientos telúricos en las zonas costeras de los países, es posible que se produzcan fenómenos como los maretazos.

Cerca de la media noche, unidades de bomberos recorrían las calles del puerto anunciando la falsa alarma del maremoto y que vuelvan a sus casas. Por supuesto, el temor era más grande y nadie volvió.

Al amanecer, la prensa nos entregaba el impacto noticioso del duro golpe que la naturaleza embravecida había asestado contra los poblados del sur peruano. Centenares de casas en escombros, cuantiosas victimas mortales, heridos desperdigados por todas partes; llanto, desesperación, impotencia, rabia, dolor, agonía era el cuadro fatídico que acompañaba al otrora Ica que era el corazón de la alegría para los defensores del neoliberalismo peruano, donde la economía marchaba allí como por un tubo hacia el desarrollo, no había desempleo, los agro-exportadores vendían cada año 600 millones de dólares y que ahora solo lucía como pueblo fantasma que se asemejaba a la Palestina o Irak bombardeada por los misiles yanquis.

De pronto, el miércoles 15, se demostró que en Ica no existía siquiera un buen hospital. El nosocomio principal se vino abajo y en su interior no había ni equipo, ni laboratorios, ni médicos, ni vendas, ni lechos suficientes. La precariedad se dejaba traslucir tras el desastre natural.

“El corazón de la alegría resultó el corazón de las tinieblas”, como apunta en su editorial el periodista César Lévano. El ministro de Economía, Luis Carranza, no se ha inquietado en lo más mínimo. Alan García, se da por satisfecho con que los aviones traigan de Ica y de toda la región afectada los heridos a todos los hospitales de Lima, los cuales padecen ya de un terremoto lento de pobreza y precariedad.

Luego de lo sucedido y ya en el proceso de rescate de victimas bajo los escombros, se podía ver el papel del Estado en este tipo de situaciones. Un Estado inoperante, caduco, obsoleto y torpe, que no sabe como actuar o que sabiendo no lo quiere hacer.

Es de conocimiento público que en muchas de las zonas afectadas donde el gobierno no había llegado, ya la prensa tenía ya presencia, aunque no la oportuna y también no olvidemos a los familiares desesperados por la tragedia que con sus propios medios llegaron hasta el lugar derruido para hallar a sus familiares y rescatar lo que sea.

Recién al día siguiente de la catástrofe, el gobierno se apersonaba hasta la zona llegando a partir de las 7.00 am solamente para pasear su altivez y mirada despectiva por sobre los cadáveres que yacían tendidos en filas enormes sobre los perímetros de la Plaza de Armas de Ica. Hora tras hora los cuerpos inertes iban en aumento y la presencia del poder ejecutivo era nula y hasta estorbaba. Esto no era difícil de notar, tan solo bastaba oír los gritos de rabia de los indignados sobrevivientes que le reclamaban al presidente García su ironía autoritaria y su dejadez en cuanto a inversión estatal para prevención de desastres o planificación de situaciones como laque se vivía, además que ya era clara la intención del gobierno de desviar la atención de la prensa internacional hacia otros aspectos del desastre.


El papel del gobierno peruano, el empresariado y la “ayuda humanitaria”
Para iniciar este punto, es importante esclarecer lo siguiente o al menos ponerlo a debate.

Toda la población del resto del Perú, medios de comunicación, analistas políticos, etc., se preguntan día a día en los programas televisivos, radiales o en la prensa escrita porqué es que el gobierno no había prevenido o no había desarrollado programas de prevención social o al menos simulacros de evacuación que evitasen tragedias como las vividas en el sur peruano. Se sabe que el departamento de Ica se encuentra justo sobre una placa muy importante y actividad lo cual la vuelve un foco seguro de sismos o terremotos y que científicos como Hernando Tavera, miembro del Instituto Geofísico del Perú, haya remitido informes al gobierno sobre lo que se podía producir en aquella zona, según su propia versión (emitida en un programa de televisión local con claros signos de miedo a despido o represalias por parte del Estado) y que cuyo documento que está publicado en la página del INDECI (http://www.indeci.gob.pe) no fue tomado en cuenta ni siquiera se le dio la importancia del caso.

Frente a esto, solo se puede llegar a una conclusión que con el paso de los días y con los informes que van saliendo a la luz se demuestra. Al Estado peruano le convenía más enfrentar un catástrofe como esta y ha llamar a la reconstrucción y la “solidaridad de todos los peruanos” que ha prevenir situaciones como esta, puesto esto ultimo representaría inversiones económicas considerables en propaganda, personal asalariado para la ejecución de proyectos de simulacros, campañas educativas en escuelas, colegios, universidades, etc. Además de la planificación en cuanto a construcción de casas y edificios. Por el contrario, una vez ocurrida la desgracia se sabe que por relaciones diplomáticas los países fronterizos y de otras latitudes iban a enviar donaciones gratuitas y reparaciones económicas para la reconstrucción de las zonas devastadas.

En efecto, los envíos han sido cuantiosos, desde medicamentos, personal de salvataje, carpas, alimentos no perecibles y muchas cosas más. Lo cual evidencia no la preocupación por el populacho en desgracia por parte de las autoridades sino su afán de mantener el estado de las cosas con su democracia representativa y hacer ver que solo en un mundo capitalista “la ayuda humanitaria” es posible. Es por esto que el gobierno del Perú ha ahorrado enormes cifras de dinero que serán destinadas al pago de la deuda externa y promociones a todo trance del TLC con los EE.UU.

Ahora bien, sobre el papel de las empresas podemos citar a la que más se ha hecho notar y no precisamente por su rol de compañía comprometida con los más pobres sino por su inoperancia y el papel que desempeñó durante y después del gran temblor. Nos referimos a la empresa española Telefónica que produjo un sismo que superó el número 10 en cualquier escala de sinvergüencería que, como todas las desfachateces en Perú, hoy tendrá alguna “explicación” a cargo de los asalariados de imagen de dicha empresa.

Apenas segundos después del movimiento telúrico, los teléfonos fijos y celulares dejaron de funcionar. Pero las comunicaciones en Internet, que usan la misma línea continuaron normalmente. ¿No será que cuando hay sismos, Telefónica tiene un servicio automatizado, de alto nivel científico y tecnología de punta que permite apagar los teléfonos, dejar Internet y provocar el pánico en el resto del mundo?

Quien está fuera del país, captura su teléfono, celular o fijo, y llama al terruño para saber qué ocurrió y si sus familiares están a buen recaudo o accidentados. O, como ha sucedido, en más de una lamentable centena de casos, fallecidos por el impromptus terráqueo. Pero no. Decenas de comunicaciones por correo electrónico protestaban furiosamente porque ¡no había forma de hablar con Perú! Gracias, por supuesto al plan de inversiones modernísimo y de última generación de los ladrones de Telefónica.

Ya que hablamos de una de las empresas con mayor prontuario generoso de los últimos tiempos (tarifas abusivas, costos por las nubes y el maltrato a sus trabajadores lo señalan), a algún genio de la misma, se le ha ocurrido una sola factura para tres servicios: cable, teléfono e internet. Sin consultar con el usuario que a duras penas paga uno de esos tres, y siempre a destiempo, Telefónica se zurró en el público que la sufraga y decidió ofrecer una “ventaja” que, en el mejor de los casos, sólo ahorra papel de impresión a quienes vienen estafando al público desde hace larguísimos años. Es evidente que Telefónica es una empresa millonaria pero que aplica o usa tecnología inoperante en el Perú. ¿Cómo se explica el corte masivo de comunicaciones telefónicas?

El terremoto que provocó Telefónica superó en muchos grados al que madre naturaleza, sin pedir explicaciones, espetó a buena parte del Perú. ¿Y ahora qué hacemos?, se preguntaba mucha gente entre el llanto y la desesperación en medio de un caos generalizado por el desastre natural y más aún por el desastre capitalista.


…Y el dolor humano no cesa

“Jamás, hombres humanos, hubo tanto dolor en el pecho, en la solapa, en la cartera, en el vaso, en la carnicería, en la aritmética… ¡Cómo, hermanos humanos, no deciros que ya no puedo y ya no puedo con tanto cajón, tanto minuto, tanta lagartija y tanta inversión, tanto lejos y tanta sed de sed! Señor ministro de Salud: ¿qué hacer?”.

César Vallejo, “Los nueve monstruos”


Hace casi exactamente 70 años, nuestro poeta peruano Vallejo, escribía asombrosamente ese puñado de palabras que daban en la misma llaga de la sociedad de su tiempo. Hoy en pleno siglo de supuesta prosperidad, donde se nos dice que vivimos en el mejor de los mundos posibles y con un gobierno que pregona por doquier velar por los pobres e invertir en salud, educación y seguridad ciudadana, este poema está más vigente que nunca.

Efectivamente, que hacer con tanta lagartija en la política, con tanto aprovechador del dolor ajeno, con tanto sufrimiento y tanta indiferencia de los gobiernos que entran y salen sin glorias pero con muchas penas para el pueblo explotado. Y claro, señor ministro de salud, ¿Qué podemos hacer?, si el mismo vicepresidente de esa cartera anuncia que casi no hay presupuesto para el mantenimiento de los hospitales nacionales y no hay nosocomios de campaña o de auxilio.

Lo que ha sido evidente con este desastre es que se ha desnudado una vez más la situación crítica en la que viven los trabajadores y humildes del país.

A tres días del terremoto el presidente García decía que el gobierno había hecho una gran adquisición de alimentos”.

O sea que sólo tres días después de la tragedia se anima el poder a efectuar esa compra. Con ello se confirma la lentitud de las reacciones oficiales, la irresponsabilidad de organismos como el Programa Nacional de Asistencia Alimentaria (PRONAA) y la inexistencia de reservas alimentarias nacionales y regionales.

Es todo el sistema económico y social, es el Presupuesto entero, los que han sido desenmascarados por la mano invisible de la naturaleza.

Los mismos hospitales que han quedado en pie en la ciudad devastada no pueden albergar a los heridos puesto que corren el riesgo de caerse en los replicas sísmicas que ya se cuentan por cientos después del gran terremoto. Los colegios construidos durante el mandato del ex dictador Fujimori se derrumbaron o están al borde del colapso, lo que evidencia que el alto porcentaje presupuestal que el gobierno de ese entonces decía invertir era falso, ya que solo se consiguieron edificaciones vergonzosas que no estaban preparadas para este tipo de contextos.

Todo esto se suma a la nula organización que se ha podido preparar para asistir a los heridos, rescatados o damnificados del miércoles 15, pues aún hoy a más de una semana del siniestro, existen pueblos enteros incomunicados como en Huancavelica, donde el sismo se sintió en 3.5 de la escala de Richter. En talsentido, la ciudad de Huancavelica ha sufrido daños leves; pero las provincias que llevaron la peor parte son: Castrovirreyna y Huaytará, y conforme a los reportes del Consejo Regional de Defensa Civil, habrían 650 casas afectadas o destruidas y aproximadamente 2,000 damnificados. Es decir también son víctimas, también lo han perdido todo, pero nadie parece acordarse de ellos. Lo que los diferencia de los demás es que viven en zonas rurales, dispersas y lejos de donde se concentra la atención y la ayuda humanitaria. Pero no por estar un poco más lejos del centro sufren menos, al contrario, se sienten abandonados.

Su desesperación por algo de apoyo ha llegado al punto de clamar por alimentos y agua a través de carteles en cartulina en plena carretera, en los que se leen mensajes que expresan la angustia que viven en solo un tramo de la carretera Libertadores Wari a solo veinte minutos a la salida de Pisco, rumbo a Ayacucho “Necesitamos apoyo, tenemos hambre y frío, nos hemos quedado en la calle, no tenemos techo” se lee en un improvisado cartel colocado en la vía, por habitantes del centro poblado Juan Velasco Alvarado.

“Necesitamos ayuda, 10 familias, 12 niños” es el mensaje que se puede ver sobre una humilde vivienda de adobe al ingreso de Santa Clara. Y no paramos de contar. La misma historia se repite al ingreso de Chincha y otras localidades pequeñas. Es la única manera que, sienten, puede llamar la atención y lograr que alguien voltee a mirarlos. Es decir son los olvidados más olvidados.

Pero no son los únicos. Al menos estas personas tienen la “suerte” de estar cerca de la carretera. Otros, menos afortunados, que también viven una tragedia, son invisibles para el resto por estar fuera de la jurisdicción de la región Ica.

En medio de todo esto la prensa reporta los saqueos y robos a los camiones que llegan con alimentos y abrigo hasta el sur. El gobierno ha dicho que no tendrá contemplaciones con estos “miserables” que se atreven a quitar la ayuda a otros en desgracia. Sin embargo cuando los familiares que estaban en Lima y querían viajar a sus pueblos natales a ver a sus familiares por medio de la empresa Soyuz que tiene el monopolio en los viajes a estas zonas, fueron sorprendidos con los abusivos costos de los pasajes que esta empresa de transportes les había impuesto. Frente a esto, el presidente y el alcalde de Lima solo han dicho que esta actitud es condenable y nada más, per no han dicho que medida se tomaría para frenar esto que si es miserable, pues lucran con el dolor y la desesperación ajena, pero son una empresa y que mas da, con ellos no es la cosa sino mano dura con los famélicos hambrientos que roban para comer y no perecer en las frías noches de sus poblados en ruinas.

Tampoco podemos dejar pasar por alto las vidas que se siguen perdiendo aún a poco más de una semana del terremoto, como la que ocurrida hace dos días que deja como saldo la muerte de una niña que no llega ni a los dos años, pero que dejó de existir a causa el inclemente frío que azota a todos los que se refugian bajo carpas improvisadas en plena calle o en parques abiertos, como este caso hay muchos otros que ya van bordeando los síntomas de pulmonía, bronquitis y no olvidemos las epidemias y enfermedades que se están gestando debido al hedor que se produce por haber expuesto por tanto tiempo laos cadáveres sobre las veredas y porque algunos cementerios se destruyeron dejando al descubierto los nichos muy cerca de casas que aún no colapsan.

Y como cereza del helado, podemos citar lo miserable e imbécil de la actitud del poder que mediante su Ministro de Producción, el ultraderechista y miembro del Opus Dei, Rafal Rey viene promocionando un pisco peruanísimo que será enviado a los gobiernos y empresarios “generosos” que enviaron sus donativos; dicho licor lleva nada mas y nada menos que el nombre de Pisco 7.9 (en alusión al terremoto que dejó cientos de vidas apagadas, casasen escombros y dolor general para familias humildes). Con esto solo se consigue jugar más con la psicosis colectiva que ya se ha formado en esas zonas, con las emotividades dañadas. Hasta los psicólogos y analistas piden que los sobrevivientes lleven tratamientos o terapias para superar lo que ha sucedido y el ministro promociona con una gran sonrisa rastrera un producto que bien podría ser un empuje al suicidio.


Solidaridad, apoyo mutuo y organización libertaria


Es de resaltar el papel que han desempeñado los hombres y mujeres simples de todo el país que se han puesto de pie, que se han desprendido de sus enseres y lo han enviado a las zonas afectadas, esto desde un inicio sin necesidad de hacer caso a las grandes campañas que ya luego la burguesía venia desplegando.

Miles de personas en todo el país y el mundo han hecho lo que estaba bajo sus posibilidades y han apoyado con gran preocupación humana y social, esto por supuesto no podemos dejar de mencionar.

Lo cual demuestra que la solidaridad y el apoyo mutuo es inherente en los seres humanos y nosotros somos capaces de socorrernos en caso de desgracias. Pero esto tampoco debe entenderse como un optimismo idealista, sino que se da muestras de indicios de que es posible la construcción de nuevos mundos pero solo sobre los escombros del actual orden mundial capitalista. No podemos esperar a que sucedan eventos naturaleza de este tipo para ver nuestra realidad social, para que nos demos cuenta que la vida es fugaz y vale la pena luchar por ella, por preservarla y hacerla de mejor calidad de la que se nos “ofrece” . A estas campañas de solidaridad nuestro colectivo se unió bajo nuestros propios medios autogestionarios y organizativos (http://www.anarkismo.net/newswire.php?story_id=6197)convocando a los distintos elementos libertarios de Lima para conformar una campaña de ayuda para el pueblo devastado en general y con los compañeros del colectivo libertario de Ica en específico (de los cuales ya se tienen noticias gratas de que están a salvo)

Frente a las políticas burguesas del gobierno que una vez más no puede hacer nada, nosotros proponemos la construcción del socialismo y la libertad indisociables en todos los frentes. La construcción de una política federalista que asegure la distribución igualitaria de los recursos económicos y los medios de seguridad y progreso social que beneficie a todos los rincones de un pueblo. La aplicación de la democracia directa, la autogestión, el asamblearismo y la cooperación coordinada de todos quienes componen un espacio colectivo nos llevaría a un estado de vida mejor en todos los niveles del que nos impone ahora la democracia burguesa y representativa, los parlamentos, los ejércitos, las iglesias y todo cuanto compone a la clase dominante.

Para concluir podemos decir que la naturaleza ha puesto a prueba al sistema capitalista así como sucedió anteriormente en otros eventos en el Perú con el fenómeno del niño, con el terremoto en Moquegua, con el terremoto en Huaraz en los 70s. Lo mismo ocurrió en EEUU con el huracán Katrina, en Asia con los tsunamis que mataron cientos de miles ciudadanos del pueblo trabajador del mundo. Las medidas que debían asumir los gobernantes y responsables del estado siempre han sido insuficientes y es más visible su afán de figurar caritativos y generosos frente a las cámaras de la prensa servil.

Señor ministro de Salud, señor ministro de Economía, señor presidente, ¿qué hacer? Es obvio que ninguno de ustedes tiene la respuesta. Ni ahora ni nunca. Pero como el mismo poeta Vallejo nos diría a nosotros los de abajo, los explotados “Hay hermanos hombres, muchísimo que hacer”.





Franz García Uceda